domingo, 4 de octubre de 2009

Soliloquio de un reflejo



abro y cierro los ojos con rapidez, abro y cierro los ojos con fuerza, abro y cierro los ojos con angustia. la casa me abraza hasta sofocar, se hace cada vez más pequeña; yo me hago inmensa, pesada, evidente, oprimida hasta la resignación.

abro y cierro, una y otra vez los ojos derrotados, abro lento... y los cierro rápidamente en cristales; puedo sentir el corazón en los párpados, golpes constantes que arden, el cuello rígido, una sensación interna de frío severo.

abro y cierro los ojos a la oscuridad, las piernas frágiles y sensibles a las pequeñas agujas que hieren incesantemente los pies quebradizos.

la casa se hace inmensa, los labios secos, partidos e hinchados, dejo de respirar por un momento, el pecho se dilata, trato de tragar y el ahogo se hace más doloroso... siento un golpe de aire en el cuello, seco en el paladar, amargo a los costados, cierro los ojos por impulso; logro tragar una bocanada de aire, amargo, ácido y duro, el rostro se humedece.

una corriente en la nuca, una brisa, inestabilidad desde mi espalda, vacío, como el latido de un abismo; sin saber, ni querer, ni poder, mirar.

una pesadez recorre mi cuerpo desde el suelo, los pies pegados al piso como parte de él, inseparables, me convierto en cemento, escucho el rumor opaco, lento, espeso, me recorre lenta y cruelmente, secando la piel en un soplo quemante...

tomo el aire en pequeñas porciones y lo escupo en forma intermitente, como para no descubrirme sin respiración.

abro y cierro los ojos, porque puedo abrir y cerrar los ojos, en una práctica hostil de sensaciones, a cambio de la inercia de mis piernas de cemento, piel de cemento, y la sangre espesa que aún late en esta coraza infame... extiendo sólo en mi mente, el recuerdo de la mirada tenue, lazos cortados con el mundo a través del cristal de las miradas.

abro y cierro tus ojos impávidos de no ser...

abro y cierro mis ojos al otro lado del espejo.

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